Grabación en el olivar. 14 de enero 2014.

Ha llovido, ando por el camino que está resbaladizo y pegajoso a la vez, es lo que tiene la arcilla. Son las 17:45 y parece que el sol ya se ha puesto. Sopla una ligera brisa del Oeste Sur-Oeste. La atmósfera está limpia y se oyen, gracias al viento, sonidos varios de maquinaria trabajando, el tráfico de la carretera y perros ladrando.

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Llego al entorno cercano del olivar se escucha la urraca, puedo observar cuatro rapaces, tres de ellas posadas y una en vuelo. Observo el suelo, los días así son divertidos pues es posible detectar las huellas de algunos mamíferos, aves u otros animales. Hasta donde me encuentro ahora he visto varios excrementos apuesto que por su forma eran de zorro y la huella sin duda de un tejón.

Subo por una zona aterrazada, rodeada en su perímetro por varias acequias, partes del suelo están cubiertas por vegetación y hojas secas las cuales crujen al pisarlas. Este es uno de mis rincones favoritos del pueblo.

Llegando al lugar donde me detendré durante unos minutos puedo observar varias plantas: hinojo, marrubio, lastón que genera un bonito tapiz en algunos corros, la ontina que me paro a olerla…, tomillos, esparto, sisallos, aliagas y se escucha y se ve el cañar al fondo.

Me detengo y pongo la grabadora a trabajar, al activarla me alejo y me siento a escuchar y realizar anotaciones bajo la sombra de un olivo, en una de sus zuecas cortadas. Aprovecho para tirar unas cuantas fotos.

Parece que un cernícalo se espanta y abandona el lugar, vuela hacia el monte lo puedo seguir unos instantes con los prismáticos. Se oye el petirrojo, la luna casi llena se ve al este entre nubes que discurren rápido sobre el horizonte y el cielo.

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Observo a mi alrededor, este olivar no se aprecia que esté muy cuidado más bien parece algo abandonado, los olivos muestran sus “heridas de guerra”, la verdad que sufrir las cuatro estaciones con días muy duros en ocasiones y temporadas de mucho calor y sequia es como para curtir. Pese que no gocen de las mejores de las condiciones y cuidados entre todos conforman un bonito y carismático bosque que da refugio a cantidad de animales.

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Cerca, sé de muy buena tinta que un meles meles, o sea un tejón, tiene su guarida. Estamos en enero y quién sabe si le habrá dado por hibernar un poco, aunque recordando las huellas que vi recientes…puede que no :-).

Sigo atento a posibles ruidos u observaciones y puedo detectar que bastantes aves tipo zorzal y más menudas sobrevuelan rápida y decididamente el olivar hacia una misma dirección, es como si diera comienzo la función y no se la quisieran perder.

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Son las últimas luces del crepúsculo y es digno de ver y oír la cantidad de vida que hay en este espacio, hace frio y estamos en invierno, parece que “esté todo muerto” pero no…, hay un buen jolgorio, de manera comedida a estas horas la vida de este lugar se deja notar.

Ya llegó la hora, se oye un tren pasar y es el momento de irse a casa, además que justo en ese momento comienzan a caer unas gotas, buenas noches a tod@s.

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